El 25 de agosto de 1989, Voyager 2 pasó junto a Neptuno. Sigue siendo la única nave que ha contemplado de cerca el planeta más lejano.
25 August 2026
Hay lugares del Sistema Solar que hemos visitado una y otra vez. Marte está recorrido por robots, Júpiter ha recibido varias misiones y Saturno tuvo durante trece años una nave orbitándolo. Pero Neptuno continúa siendo territorio de una sola visita.
Ocurrió exactamente hace 37 años, el 25 de agosto de 1989, cuando la sonda Voyager 2 de la NASA pasó a unos 4.800 kilómetros sobre las nubes del gigante helado y proporcionó a la humanidad las primeras —y hasta hoy únicas— observaciones cercanas del octavo planeta del Sistema Solar.
La efeméride tiene algo de fascinante y también de extraño. Desde aquel día hemos enviado nuevas generaciones de sondas a prácticamente todos los rincones del Sistema Solar, hemos aterrizado en un cometa y hasta hemos recogido muestras de asteroides. Pero ninguna otra nave ha regresado a Neptuno. La propia NASA continúa definiendo a Voyager 2 como la primera y única sonda que ha estudiado el planeta de cerca.
Voyager 2 había salido de la Tierra el 20 de agosto de 1977 y su destino inicial formaba parte del célebre Grand Tour de los planetas exteriores.
Una excepcional alineación planetaria —que se produce aproximadamente una vez cada 175 años— permitió utilizar la gravedad de un planeta para impulsar la nave hacia el siguiente. Voyager 2 visitó Júpiter en 1979, Saturno en 1981 y Urano en 1986 antes de dirigirse hacia Neptuno.
Cuando finalmente alcanzó su último planeta habían transcurrido doce años desde el lanzamiento y había recorrido unos 7.000 millones de kilómetros.
A las 03:56 UTC del 25 de agosto de 1989 realizó su máxima aproximación. Sus diez instrumentos científicos seguían funcionando.
Y Neptuno resultó ser bastante menos tranquilo de lo esperado.
A casi 4.500 millones de kilómetros del Sol, Neptuno recibe una cantidad minúscula de energía solar. Los científicos esperaban encontrar una atmósfera relativamente poco activa.
Voyager mostró justamente lo contrario.
Sus cámaras descubrieron enormes sistemas meteorológicos, entre ellos la famosa Gran Mancha Oscura, una tormenta comparable en tamaño a la Tierra. También midió vientos que alcanzaban alrededor de 1.100 kilómetros por hora —algunas mediciones posteriores elevarían aún más las velocidades conocidas en su atmósfera— y confirmó que aquel mundo azul era meteorológicamente extraordinariamente dinámico.
La nave permitió observar además los anillos de Neptuno con un detalle desconocido hasta entonces y descubrió seis pequeñas lunas: Naiad, Thalassa, Despina, Galatea, Larissa y Proteus.
Cinco horas después de pasar junto al planeta, Voyager 2 se acercó a Tritón, su mayor satélite. Y allí llegó otra sorpresa.
En un mundo cuya superficie ronda los ?235 °C, las cámaras descubrieron terrenos extraordinariamente jóvenes y géiseres que expulsaban material oscuro desde hielos de nitrógeno. Tritón resultó ser geológicamente mucho más activo de lo que cabía esperar en un lugar tan frío y remoto.
Fue el último mundo sólido que Voyager 2 contempló de cerca.
Después del encuentro, la trayectoria de la sonda quedó desviada hacia el sur del plano en el que orbitan los planetas. Su gran viaje planetario había terminado.
Lo extraordinario es que la historia de aquella nave todavía no ha terminado.
Voyager 2 atravesó la heliopausa en 2018 y entró en el espacio interestelar. En 2026 continúa activa, aunque la NASA ha ido apagando instrumentos para conservar la energía cada vez más escasa de sus generadores de radioisótopos.
Mientras tanto, Neptuno sigue siendo estudiado desde lejos por telescopios como Hubble y James Webb. Webb, por ejemplo, ha proporcionado espectaculares imágenes de sus anillos.
Pero hay una diferencia fundamental: desde el 25 de agosto de 1989 nadie ha vuelto a estar allí.
Treinta y siete años después, buena parte de lo que sabemos de cerca sobre el planeta más lejano del Sistema Solar continúa procediendo de unas pocas horas extraordinarias protagonizadas por una nave diseñada en los años setenta.
NASA: historia completa del encuentro de Voyager 2 con Neptuno