Más de 50 años después del Apolo, la NASA prepara su vuelta a la órbita lunar en un escenario técnico y político más complejo.
12 February 2026
La NASA afronta uno de los momentos más delicados —y decisivos— de su programa lunar. La misión Artemis II llevará astronautas alrededor de la Luna por primera vez desde el programa Apolo, pero el contexto actual dista mucho del entusiasmo inicial con el que se presentó el calendario lunar hace unos años.
Artemis II no incluirá alunizaje. Será un vuelo de aproximadamente diez días que validará el cohete SLS, la cápsula Orion y los sistemas de soporte vital en una misión con tripulación real. Su objetivo es técnico y estratégico: comprobar que todo funciona antes de intentar el descenso a la superficie con Artemis III.
La tripulación está formada por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen. El componente simbólico y la búsqueda del factor histórico son evidentes y conecta el programa lunar con una narrativa más diversa que la del Apolo.
Glover será el primer afroamericano en viajar a la órbita lunar.
Koch será la primera mujer en hacerlo.
Hansen será el primer canadiense en una misión lunar.
Tripulación Artemis II / Crédito: NASAMás allá del relato inspirador, la ingeniería impone su ritmo. Como ha explicado la NASA, las pruebas técnicas han detectado problemas en la carga de combustible, incluyendo fugas de hidrógeno líquido.
No es una cuestión menor. El hidrógeno es extremadamente volátil y ya generó incidencias en Artemis I. Cada revisión implica tiempo adicional, y el calendario empieza a tensarse. La idea de consolidar un regreso humano sostenible a la Luna antes de 2030 comienza a enfrentarse a límites técnicos y presupuestarios.
El Congreso estadounidense vigila los costes del sistema SLS, uno de los lanzadores más caros desarrollados hasta la fecha. Y el margen político no es infinito.
El programa Artemis no depende únicamente de la NASA. Parte esencial de su arquitectura recae en empresas privadas. El sistema de alunizaje que deberá utilizarse en Artemis III está en manos de SpaceX.
Si ese módulo no está listo, el calendario lunar volverá a desplazarse. La exploración espacial del siglo XXI ya no es exclusivamente estatal: es una red de alianzas industriales complejas donde cualquier retraso en un eslabón afecta al conjunto.
Esto introduce una dimensión nueva respecto al programa Apolo: la exploración lunar es ahora también un asunto de contratos, competitividad y estrategia tecnológica.
En este escenario global hay una noticia especialmente relevante para el ecosistema español. La empresa Integrasys ha sido seleccionada por la NASA para participar en la monitorización de la misión.
Integrasys instalará tecnología propia y una antena en la Universidad de Sevilla para:
Seguir las transmisiones de la nave Orion
Medir el efecto Doppler
Confirmar la trayectoria en tiempo real
Este trabajo forma parte del programa internacional SCaN (Space Communications and Navigation). No es un papel testimonial: el seguimiento independiente de señal es crítico en misiones de espacio profundo. España entra así en la cadena operativa de una misión lunar tripulada, reforzando su presencia tecnológica en el ámbito espacial.
Artemis II es, formalmente, una misión de validación. Pero en términos estratégicos es una prueba de credibilidad.
Credibilidad técnica del sistema SLS y Orion
Credibilidad presupuestaria ante el Congreso
Credibilidad internacional frente a otras potencias espaciales
Pero ahora el desafío no es narrativo. Es estructural.
Si Artemis II vuela con éxito, reforzará la viabilidad de Artemis III y el esperado alunizaje de esta década. Si se acumulan nuevos retrasos, el debate sobre el modelo industrial y los costes del programa lunar se intensificará.
La Luna vuelve a ser protagonista. Pero esta vez el reto no es solo llegar. Es sostener el regreso en el tiempo. Y eso, más que épica, exige consistencia técnica.