A más de 3.600 metros de altitud, este inmenso salar del altiplano boliviano ofrece paisajes blancos, silencio y cielos abiertos.
20 October 2026
Cuando pensamos en viajar a Bolivia para contemplar las estrellas, casi siempre aparece el mismo nombre: Uyuni. Sus paisajes blancos y sus espectaculares reflejos nocturnos lo han convertido en uno de los destinos más fotografiados de Sudamérica. Sin embargo, unos kilómetros más al norte existe otro gran desierto de sal que permanece mucho más alejado de los circuitos turísticos habituales: el salar de Coipasa.
Situado en el departamento de Oruro, en el occidente de Bolivia, Coipasa es el segundo salar más extenso del país. Su inmensa superficie blanca, los relieves volcánicos que lo rodean y su ubicación en pleno altiplano andino lo convierten en un escenario de enorme atractivo paisajístico y con posibilidades para el astroturismo.
Aquí no encontramos todavía la infraestructura turística ni la popularidad internacional de Uyuni. Precisamente por eso, Coipasa invita a descubrir otra cara de Bolivia: la de los territorios remotos donde el paisaje conserva buena parte de su carácter original.
El salar de Coipasa se extiende a unos 3.650 metros sobre el nivel del mar, cerca de la frontera entre Bolivia y Chile. Según las estimaciones utilizadas por la NASA, ocupa aproximadamente 2.500 kilómetros cuadrados, aunque su superficie varía según los criterios geográficos empleados.
Para hacerse una idea de sus dimensiones, basta imaginar una llanura salina de decenas de kilómetros, rodeada de montañas y volcanes, donde apenas existen referencias visuales que permitan calcular las distancias.
Su origen está relacionado con la evolución de los antiguos sistemas lacustres del altiplano. Durante miles de años, los cambios climáticos y la evaporación de aguas ricas en minerales favorecieron la acumulación de las grandes extensiones de sal que hoy caracterizan esta región.
Coipasa presenta, además, una particularidad geográfica: alberga un lago en el interior de su cuenca salina, alimentado, entre otros aportes, por el río Lauca.
La NASA ha documentado este singular paisaje desde la Estación Espacial Internacional, mostrando el contraste entre la costra blanca de sal, las aguas y los sedimentos que llegan a la cuenca.
Su principal atractivo astronómico es la combinación de gran altitud, horizontes abiertos y escasa urbanización en buena parte de su entorno.
Lejos de las grandes ciudades, la observación nocturna puede beneficiarse de una menor presencia de iluminación artificial. Además, la amplitud del paisaje ofrece oportunidades para contemplar el firmamento y realizar fotografía nocturna o astrofotografía con el desierto de sal como protagonista.
Desde esta latitud del hemisferio sur pueden observarse constelaciones como la Cruz del Sur, además de regiones especialmente llamativas de la Vía Láctea durante determinadas épocas del año.
En noches despejadas y sin Luna, la silueta de las montañas, la superficie salina y el cielo estrellado pueden formar composiciones fotográficas extraordinarias.
Eso sí, conviene hacer una distinción importante: Coipasa no dispone de una certificación astronómica específica conocida ni de mediciones públicas suficientes para afirmar que posee uno de los cielos más oscuros del mundo. Su interés para el turismo de estrellas se basa en las características geográficas del territorio, no en una calidad de cielo oficialmente acreditada.
Si deseas conocer otros enclaves bolivianos, en TurismodeEstrellas.com ya recorrimos algunos de los paisajes naturales más interesantes para observar estrellas en Bolivia, desde el Parque Nacional Sajama hasta las lagunas altoandinas.
Vista aérea del salar de Coipasa en Bolivia / Crédito: NASALa comparación con el salar de Uyuni resulta inevitable. Ambos comparten el origen geológico y los grandes horizontes blancos del altiplano, pero presentan diferencias importantes para el visitante.
Uyuni cuenta con una oferta turística consolidada, excursiones organizadas y alojamientos especializados. Es también conocido por el efecto espejo que puede producirse cuando una fina lámina de agua cubre la superficie durante la temporada de lluvias.
Coipasa, en cambio, conserva un perfil mucho menos turístico. Su acceso requiere mayor planificación y la disponibilidad de servicios es más limitada. No es, por tanto, una alternativa equivalente para quien busque una excursión sencilla de observación astronómica.
Aunque la presencia de agua puede generar reflejos sobre determinadas zonas del salar, no debe darse por hecho que se reproducirá el famoso espejo de Uyuni, ni que las condiciones permitirán acceder de noche a la superficie.
En nuestro reportaje sobre el turismo de estrellas en el salar de Uyuni explicamos por qué este fenómeno se ha convertido en uno de los grandes reclamos de la astrofotografía internacional.
El entorno de Coipasa forma parte de una región de profunda tradición andina, donde las comunidades locales mantienen vínculos históricos con el territorio, la ganadería y el aprovechamiento de sus recursos naturales.
La cercana región de Chipaya es especialmente conocida por la cultura uru-chipaya, una de las expresiones culturales más singulares del altiplano boliviano. Sus tradiciones y su relación con un medio natural exigente aportan una dimensión humana al viaje que va mucho más allá de la fotografía de paisajes.
El interés turístico de Coipasa reside precisamente en esa combinación de geología, cultura y naturaleza. Cualquier desarrollo futuro del astroturismo debería contar con las comunidades locales y respetar tanto sus actividades como la fragilidad ambiental del salar.
No se trata únicamente de atraer visitantes para contemplar el cielo, sino de crear experiencias capaces de beneficiar al territorio sin transformar aquello que lo hace especial.
Uso de imagen bajo licencia DepositphotosEn términos generales, la estación seca del altiplano, aproximadamente de mayo a octubre, suele ofrecer condiciones más favorables para planificar observaciones astronómicas, aunque las temperaturas nocturnas pueden descender considerablemente.
Durante la temporada de lluvias, especialmente entre diciembre y marzo, las precipitaciones y la presencia de agua pueden dificultar los desplazamientos. La nubosidad también puede reducir las oportunidades de observación.
Para disfrutar del firmamento, conviene elegir noches próximas a la Luna nueva, cuando la iluminación lunar interfiere menos en la contemplación de las estrellas y la Vía Láctea.
La elevada altitud es otro factor que no debe subestimarse. Los visitantes necesitan tiempo para aclimatarse y deben prepararse para temperaturas bajas, viento y condiciones ambientales exigentes.
La ciudad de Oruro constituye uno de los principales puntos de referencia para acceder a Coipasa. Desde allí existen distintas rutas hacia las poblaciones y comunidades del entorno del salar, aunque parte de los trayectos discurre por caminos no asfaltados.
La distancia, el estado de las pistas y las condiciones meteorológicas hacen recomendable organizar el viaje con guías locales que conozcan el terreno, especialmente si se pretende realizar una actividad al atardecer o durante la noche.
No es aconsejable adentrarse por cuenta propia en el salar sin información actualizada. Las zonas inundadas, la falta de señalización y las dificultades de orientación pueden convertir un desplazamiento aparentemente sencillo en una situación complicada.
También conviene confirmar previamente la disponibilidad de alojamiento, transporte y servicios, porque Coipasa no dispone de la infraestructura turística que caracteriza a los destinos más visitados de Bolivia.
Coipasa todavía no ocupa un lugar destacado en los mapas internacionales del astroturismo. Tampoco necesita competir con Uyuni para justificar una visita.
Su singularidad está en la escala del paisaje, en la presencia del lago dentro de la inmensa cuenca salina y en la oportunidad de descubrir una región del altiplano que sigue siendo poco conocida para el turismo internacional.
Para los viajeros interesados en la astronomía, representa una posibilidad distinta: explorar un gran paisaje de altura y descubrir cómo cambia cuando llega la noche.
Porque Bolivia tiene mucho más cielo del que muestran las fotografías de Uyuni. Y Coipasa, con sus horizontes blancos y su geografía extraordinaria, es una buena razón para seguir explorándolo.