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Sevilla prueba cómo evitar que el espacio se convierta en un vertedero orbital

La Zero Debris Week reúne en Sevilla tecnologías para retirar satélites, evitar colisiones y frenar un problema creciente: la basura espacial.

11 September 2026

Durante décadas hemos lanzado satélites, etapas de cohetes y todo tipo de artefactos al espacio pensando fundamentalmente en cómo ponerlos allí. Ahora empieza a ser igualmente importante responder a otra pregunta: ¿qué hacemos con ellos cuando dejan de funcionar?

Esta semana, Sevilla se ha convertido en uno de los lugares desde los que se intenta encontrar la respuesta. La sede de la Agencia Espacial Española (AEE) acoge hasta este viernes 11 de septiembre la Zero Debris Week 2026, organizada junto con la Agencia Espacial Europea (ESA), un encuentro internacional dedicado a uno de los problemas menos visibles —pero cada vez más urgentes— de la carrera espacial: la acumulación de basura alrededor de la Tierra.

Agencias espaciales, empresas, operadores de satélites, investigadores y reguladores trabajan estos días sobre un objetivo muy ambicioso: avanzar hacia unas operaciones espaciales que dejen de generar nuevos residuos orbitales de aquí a 2030.

Agencia Espacial Española: Zero Debris Week 2026

¿Cuánta basura tenemos sobre nuestras cabezas?

Cuando hablamos de basura espacial no nos referimos únicamente a grandes satélites abandonados.

En órbita permanecen satélites fuera de servicio, etapas de cohetes, piezas desprendidas y fragmentos generados por explosiones o colisiones. Algunos son grandes y pueden seguirse desde tierra; otros apenas alcanzan unos centímetros o milímetros.

El tamaño, además, puede resultar engañoso.

Un pequeño fragmento que se desplaza a varios kilómetros por segundo puede causar daños importantes si impacta contra un satélite operativo o una nave tripulada. Y una colisión puede producir nuevos fragmentos que, a su vez, aumenten la probabilidad de futuros accidentes.

El problema se vuelve especialmente relevante a medida que crece el número de satélites en órbita. Por eso la estrategia Zero Debris no se centra únicamente en retirar la basura que ya existe, sino sobre todo en evitar que las misiones actuales se conviertan en los residuos de las próximas décadas.

La Zero Debris Charter cuenta ya con 228 organizaciones de 34 países, incluidos 21 Estados, comprometidos con una serie de objetivos comunes para mejorar la seguridad y sostenibilidad de las operaciones espaciales. 

basura espacialCrédito ilustración basura espacial: Space Debris

Satélites que sepan cómo desaparecer

Una de las ideas centrales que se debaten en Sevilla resulta bastante sencilla de entender: un satélite debería tener previsto su final antes incluso de despegar.

Eso significa diseñar las misiones para reducir el riesgo de explosiones y fragmentaciones, facilitar maniobras para evitar colisiones y garantizar que, una vez concluido su trabajo, el objeto pueda abandonar de manera segura las regiones orbitales más utilizadas.

Entre las tecnologías presentadas esta semana aparecen, por ejemplo, dispositivos autónomos de desorbitado que no necesitan combustible.

La empresa española PERSEI Space desarrolla sistemas basados en una larga cinta conductora que interactúa con la ionosfera y el campo magnético terrestre para generar una fuerza capaz de ayudar al satélite a reducir progresivamente su órbita. La primera demostración de esta tecnología en el espacio está prevista para 2027. 

La filosofía cambia así desde el principio: ya no basta con preguntarnos cómo enviar algo al espacio, sino también cómo conseguir que no permanezca allí indefinidamente cuando deje de ser útil.

Un láser desde la estratosfera contra la basura espacial

Entre las propuestas presentadas en Sevilla hay una especialmente llamativa y con participación local: STRATOLASER.

El proyecto está liderado por AICIA/GRVC Robotics Lab, vinculado a la Universidad de Sevilla, junto a instituciones y empresas de varios países europeos, y estudia una arquitectura basada en instalar un sistema láser en un globo estratosférico, a unos 30 kilómetros de altitud. 

¿La idea? Explorar futuras aplicaciones tanto para seguir objetos como para mitigar activamente determinados residuos espaciales.

Situar el láser en la estratosfera permitiría operar por encima de más del 99 % de la atmósfera, reduciendo las distorsiones que sufre un haz lanzado desde tierra y evitando, al mismo tiempo, la complejidad y el coste de instalar todo el sistema directamente en el espacio. 

No estamos hablando todavía de un cañón que vaya a empezar a vaporizar satélites abandonados sobre nuestras cabezas. STRATOLASER es un proyecto de investigación y estas tecnologías se encuentran en diferentes fases de desarrollo.

Pero ilustra muy bien hasta qué punto el problema obliga a pensar soluciones que hace solo unas décadas habrían parecido ciencia ficción.

Evitar una reacción en cadena

El objetivo último es impedir que determinadas regiones alrededor de la Tierra lleguen a ser cada vez más difíciles de utilizar con seguridad.

Existe incluso un escenario teórico conocido como síndrome de Kessler: si la densidad de objetos fuese suficientemente elevada, una colisión podría generar numerosos fragmentos, estos provocar nuevas colisiones y desencadenar progresivamente una reacción en cadena.

No significa que mañana vayamos a quedar atrapados en la Tierra bajo una coraza de chatarra espacial. Pero sí explica por qué prevenir es muchísimo más sencillo que intentar limpiar después miles de objetos que viajan a enormes velocidades.

De ahí que la Zero Debris Week aborde el problema desde varios frentes: prevención de colisiones, retirada al final de las misiones, tecnologías para reducir fragmentaciones y sistemas que permitan localizar y gestionar mejor los residuos existentes.

Sevilla, capital también de un espacio más limpio

La elección de Sevilla tampoco es casual. La ciudad alberga desde 2023 la sede de la Agencia Espacial Española y durante cuatro días ha reunido a buena parte de la comunidad internacional que trabaja en la iniciativa Zero Debris.

La tercera edición de la Zero Debris Week comenzó el 8 de septiembre con el Zero Debris Future Symposium y ha continuado hasta hoy con sesiones técnicas en las que se han presentado tecnologías y establecido prioridades para los próximos años.

La cuestión de fondo resulta cada vez más difícil de ignorar. Nuestra vida cotidiana depende de satélites para las telecomunicaciones, la navegación, la meteorología, la observación de la Tierra o la ciencia. El espacio cercano se ha convertido en una infraestructura esencial y, precisamente por ello, también necesita reglas para conservarlo utilizable.

Durante mucho tiempo la exploración espacial consistió en aprender a llegar cada vez más lejos.

Ahora tenemos un desafío bastante menos romántico, pero igual de necesario: aprender a recoger después de nosotros mismos.

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