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K?zushima: la isla de Tokio donde la Vía Láctea sustituye a los neones

A solo 180 kilómetros de la gran metrópolis japonesa, esta pequeña isla de Tokio protege una noche donde todavía puede verse la Vía Láctea.

29 September 2026

Cuando pensamos en Tokio de noche, probablemente imaginemos los carteles luminosos de Shibuya, enormes pantallas publicitarias y calles donde casi parece imposible encontrar oscuridad. Pero Tokio también tiene una isla donde sucede exactamente lo contrario: al caer el Sol, las luces artificiales pierden protagonismo y la Vía Láctea puede aparecer a simple vista sobre el Pacífico.

Se llama Kozushima (K?zushima) y está situada aproximadamente 180 kilómetros al sur del centro de Tokio, en el archipiélago de Izu. Aunque administrativamente pertenece a la metrópolis japonesa, su paisaje nocturno parece pertenecer a otro mundo: apenas 18,58 kilómetros cuadrados de territorio volcánico, playas, montañas y un cielo protegido frente a la contaminación lumínica.

En Turismodeestrellas.com ya habíamos incluido Kozushima entre los destinos para practicar astroturismo en Japón. Pero esta pequeña isla merece que nos detengamos un poco más en ella.

La primera isla de cielo oscuro de Tokio

Desde diciembre de 2020, Kozushima está reconocida como International Dark Sky Park por DarkSky International, convirtiéndose en el primer lugar de Tokio en recibir una designación internacional de este tipo. Además, por las características particulares del territorio, utiliza la denominación Dark Sky Island.

El reconocimiento no llegó simplemente porque la isla tuviera muchas estrellas.

Para conseguirlo, Kozushima emprendió un importante proceso para reducir la contaminación lumínica. En 2019 comenzó a sustituir las luminarias de calles y carreteras por modelos diseñados para evitar que la luz se proyectara innecesariamente hacia el cielo. De las 536 luminarias de calles y seguridad existentes, alrededor del 90 % ya habían sido reemplazadas a comienzos de 2021, según la información de la propia asociación turística.

La transformación contó con el apoyo del Gobierno Metropolitano de Tokio y estuvo acompañada por medidas de sensibilización entre la población y normativa local destinada a preservar el cielo estrellado.

El resultado continúa midiéndose. La isla realiza controles mensuales de la oscuridad del cielo y los ha mantenido durante 2026. Como referencia, en junio se registraron valores de 21,43 mag/arcsec² en Yotane Square, 21,61 en el mirador de Miura Bay y hasta 21,82 en Akasaki Promenade, por encima del valor de referencia de 21,2 empleado en este programa de protección.

Kozushima JapónCrédito: Tomohisa Fujii / Fotografía vía: DarkSky International

Astroturismo en una isla convertida en planetario

Una de las particularidades de Kozushima es que no hace falta encerrarse en un observatorio para disfrutar del cielo. La propia oficina turística promociona el territorio bajo una idea muy gráfica: convertir toda la isla en un gran planetario natural.

Existen diferentes lugares acondicionados o recomendados para contemplar las estrellas. Uno de los más accesibles es Yotane Square, una zona elevada a unos veinte minutos caminando desde la oficina de turismo, con un horizonte muy abierto y donde se celebran observaciones guiadas por habitantes de la isla.

También destaca el mirador de Miura Bay, orientado hacia el sur y especialmente interesante durante el invierno, cuando las condiciones pueden permitir observar Canopus muy cerca del horizonte.

Para quienes buscan una imagen más fotogénica está Arima Observation Platform, desde donde se contemplan la playa de Maehama y el monte Tenjo junto a una gran cruz blanca que puede incorporarse a las fotografías nocturnas.

Y todavía quedan opciones como la antigua zona del helipuerto, el paseo de Akasaki o incluso el Kozushima Hot Spring Recreation Center, donde es posible contemplar el atardecer sobre el Pacífico y después las estrellas desde sus baños termales exteriores.

La oferta de astroturismo se completa con actividades guiadas en las que los habitantes explican constelaciones y mitología, pero también cómo es la vida cotidiana en Kozushima. Actualmente estas visitas se realizan en japonés y requieren reserva previa.

Kozushima JapónCrédito: Wataru Furuya / Fotografía vía: DarkSky International

Oscuridad para las estrellas… y para la biodiversidad

Proteger la noche en Kozushima tampoco beneficia únicamente al turismo astronómico.

La isla alberga al mérgulo japonés (Synthliboramphus wumizusume), una especie de ave marina amenazada. La reducción de la iluminación artificial contribuye a conservar su hábitat, otro ejemplo de la relación existente entre cielo oscuro, biodiversidad y turismo sostenible.

Es precisamente esta filosofía la que convierte a Kozushima en algo más que un lugar donde sacar una bonita fotografía de la Vía Láctea.

Durante el día, el viajero puede recorrer el monte Tenjo, descubrir las playas y calas volcánicas, practicar senderismo o disfrutar de las aguas termales; cuando llega la noche, el cielo se incorpora a la experiencia turística como un recurso más del territorio.

Cómo llegar desde Tokio

Pese a la sensación de aislamiento, llegar hasta este pequeño paraíso astronómico es relativamente sencillo. Kozushima puede alcanzarse desde Tokio tanto por mar como por aire: DarkSky International sitúa el trayecto aproximadamente en cuatro horas en barco rápido y alrededor de 30 minutos en avión desde el Tokio continental, aunque los horarios y conexiones dependen de la temporada y de las condiciones meteorológicas.

Conviene además recordar que observar la Vía Láctea nunca está garantizado: hay que tener en cuenta la nubosidad, la fase lunar y la época del año. La propia oficina de turismo recomienda planificar las observaciones teniendo presente el calendario lunar.

Y quizá ahí resida parte del encanto de Kozushima. A menos de 200 kilómetros de una de las mayores concentraciones urbanas del planeta, Tokio conserva una isla donde todavía se trabaja para que la noche siga siendo noche.

Mientras millones de personas levantan la vista entre los neones de la capital japonesa, al otro lado del Pacífico cercano hay un pequeño pedazo de Tokio donde las luces que realmente importan vuelven a estar sobre nuestras cabezas.

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