México llega a FITUR con el cielo como aliado: el eclipse de 2027 y su herencia astronómica abren nuevas vías para el turismo de estrellas.
22 January 2026
En FITUR 2026, México no solo se presenta como país socio, sino como un territorio que empieza a mirar al cielo con intención estratégica. En un momento en el que el turismo internacional busca experiencias transformadoras, emocionales y conectadas con la identidad de los destinos, el turismo de estrellas aparece como una vía natural —y aún poco explotada— para diversificar la oferta mexicana.
El gran catalizador es evidente: el eclipse solar total del 2 de agosto de 2027, pero el verdadero potencial va mucho más allá de un evento puntual.
Stand de México en Fitur 2026 / Crédito: Turismodeestrellas.comEl eclipse solar total de 2027 atravesará el sureste de México, ofreciendo excelentes condiciones de observación en estados como Yucatán, Campeche y Quintana Roo, donde la combinación de cielo, clima, accesibilidad e infraestructura turística convierte al país en uno de los grandes escenarios del fenómeno a escala internacional.
Aunque la duración máxima del eclipse se alcanzará en otras regiones del planeta, México se sitúa dentro de la franja de totalidad, lo que permite vivir la experiencia completa del oscurecimiento solar, un momento que marca a quien lo presencia… y que rara vez se olvida.
Para el turismo, este tipo de fenómenos funciona como acelerador de decisiones: pone el foco mediático, atrae viajeros de alto interés cultural y científico y abre la puerta a productos turísticos que pueden permanecer activos mucho después de que el Sol vuelva a brillar.
Stand de México en Fitur 2026 / Crédito: Turismodeestrellas.comHablar de astroturismo en México es hablar de memoria, cosmovisión y territorio. Mucho antes de telescopios y observatorios modernos, la astronomía ya estaba integrada en la vida cotidiana de las civilizaciones mesoamericanas, especialmente en el mundo maya.
La arqueoastronomía, visible en zonas como Chichén Itzá, Uxmal o Calakmul, demuestra hasta qué punto el cielo estructuraba la arquitectura, el calendario y los rituales. Este legado convierte a México en un escenario privilegiado para desarrollar un astroturismo cultural, donde la observación del firmamento se entrelaza con el relato histórico, espiritual y simbólico del territorio.
No se trata solo de mirar estrellas, sino de entender cómo se han mirado durante siglos.
Algunos estados mexicanos han empezado a poner el ojo en el turismo astronómico, conscientes de su potencial para complementar la oferta existente:
Yucatán, con su herencia maya, sus paisajes abiertos y su narrativa solar, es un laboratorio natural para unir eclipse, arqueología, tradición y experiencias nocturnas.
Guanajuato, con pueblos con encanto, patrimonio histórico y un turismo cultural ya consolidado, puede incorporar el cielo nocturno como una nueva capa emocional a su relato.
Michoacán, donde naturaleza, espiritualidad y tradición conviven, ofrece escenarios idóneos para experiencias de cielo oscuro ligadas al paisaje, el silencio y la identidad local.
En todos ellos, el astroturismo puede integrarse —sin competir— con productos ya existentes: naturaleza, gastronomía, patrimonio, comunidades locales, rutas culturales o turismo rural.
Astroturismo en Río Lagartos, Yucatán / Crédito: Yucatán TravelLa presencia de México en FITUR como país socio llega en un momento clave. El turismo de estrellas ya no es una tendencia emergente, sino una herramienta estratégica para destinos que buscan:
Diferenciarse
Desestacionalizar
Atraer un viajero más consciente y conectado
Proteger el cielo nocturno como recurso natural y cultural
El eclipse de 2027 ofrece un relato perfecto para iniciar ese camino, pero la verdadera oportunidad está en pensar a largo plazo: convertir el cielo en un activo turístico, cultural y territorial.
México tiene historia, territorio, emoción y relato. El cielo ya está ahí. Ahora solo falta decidir cómo quiere contarlo al mundo.
