Un astroturista también escribe su carta de Reyes: cielos protegidos, eclipses inolvidables y nuevos destinos para seguir mirando arriba.
02 January 2026
Queridos Reyes Magos:
Este año no os escribo para pedir cosas que se envuelven en papel brillante. Os escribo para pediros noches, silencios, oscuridades bien cuidadas y cielos que sigan siendo cielo. Porque si algo hemos aprendido quienes viajamos con la mirada puesta en las estrellas es que lo más valioso no se compra: se protege.
El primer deseo es, sin duda, el más importante. Que en 2026 avancemos de verdad en la protección del cielo nocturno. Que se apague la luz innecesaria, que se ilumine mejor y menos, que entendamos —por fin— que la oscuridad también es patrimonio.
Ojalá más territorios se comprometan con la concienciación ciudadana, con normativas responsables y con esa mirada global que reconoce el cielo como un bien común. Que el ODS18 no sea solo una declaración bonita, sino una hoja de ruta real. Que se eduque, que se divulgue, que se explique que proteger el cielo es proteger la biodiversidad, la salud, la cultura… y también el futuro del astroturismo.
Queridos Reyes, en 2026 tenemos una cita histórica con el cielo. Y lo único que pedimos es vivir eleclipse total de Sol como merece. Encontrar un lugar bien elegido, dentro de la franja de totalidad, con horizontes despejados, buena meteorología y —muy importante— preparado para acoger a quienes lleguen con ilusión.
Pedimos destinos organizados, con información clara, con actividades paralelas, con divulgación rigurosa y con medidas de seguridad bien explicadas. Que nadie mire al Sol sin protección. Que nadie se quede sin entender lo que está ocurriendo sobre su cabeza. Y que, cuando la luz regrese, todos sepamos que hemos vivido algo irrepetible.
También os pedimos sorpresa. Que 2026 nos regale nuevos destinos de astroturismo, de esos que no estaban en el mapa mental y de repente lo cambian todo. Un valle remoto, un pequeño pueblo, una isla interior, un parque natural al que llegar despacio.
Queremos descubrir cielos limpios en lugares inesperados, historias locales ligadas a las estrellas, miradores nocturnos que aún no salen en Instagram. Viajar para observar, pero también para escuchar, aprender y respetar.
Si sois generosos, añadid a la lista alojamientos que miren al cielo: casas rurales con telescopios, domos transparentes, refugios astronómicos, hoteles comprometidos con la sostenibilidad real y no solo con el discurso.
Que haya anfitriones formados, que sepan contar constelaciones y también cuándo guardar silencio. Que dormir sea parte de la experiencia y no un paréntesis entre observaciones.
Y, por último, pedimos creatividad. Nuevas actividades que nos sorprendan: rutas nocturnas sensoriales, astroturismo accesible para todos, experiencias que mezclen ciencia y arte, música bajo la Vía Láctea, teatro astronómico, gastronomía estelar.
Queremos seguir emocionándonos. Seguir aprendiendo. Seguir viajando sin dejar huella, salvo en la memoria.
Nada más, queridos Reyes. No necesitamos mucho. Solo cielos oscuros, miradas curiosas y tiempo para levantar la vista.
Firmado:
Un astroturista que sigue creyendo que el mejor regalo está ahí arriba.