Especial 8M: Cuando el cielo se hereda en femenino

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Especial 8M: Cuando el cielo se hereda en femenino

De los Andes al Himalaya, muchas mujeres mantienen vivo el conocimiento del cielo y lo transforman hoy en cultura, turismo de estrellas y futuro.

Cada 8 de marzo ((M) hablamos de igualdad, liderazgo y derechos. Pero hay un hilo menos visible —y profundamente luminoso— que conecta a miles de mujeres en pequeñas comunidades del planeta: la transmisión del conocimiento del cielo. No desde grandes observatorios ni desde laboratorios urbanos, sino desde patios, montañas, desiertos y aldeas donde las estrellas no son solo objetos astronómicos, sino calendario, brújula, relato y futuro.

En muchas culturas, mirar al cielo es un acto comunitario. Y con frecuencia, son ellas —abuelas, madres, guías, maestras— quienes sostienen esa memoria nocturna y la transforman en oportunidad. Hoy viajamos por algunos de esos lugares donde la astronomía, el astroturismo y el desarrollo local tienen rostro femenino.

Perú: mirar al cielo para vivir

En los Andes peruanos, en la comunidad de Mullakas Misminay, las mujeres han sido durante generaciones guardianas de un conocimiento íntimamente ligado al cielo. Allí, donde la agricultura tradicional depende del ritmo de las estaciones, las estrellas han servido durante siglos como calendario natural para la siembra y la cosecha.

Las mujeres quechuas de la comunidad transmiten estas observaciones de generación en generación. Identifican constelaciones oscuras en la Vía Láctea —formadas no por estrellas, sino por nubes de polvo interestelar— que anuncian cambios estacionales y ayudan a interpretar el comportamiento del clima.

Hoy, ese conocimiento ancestral se ha convertido también en un atractivo para el visitante. A través de iniciativas de turismo comunitario, los viajeros pueden conocer cómo la cosmovisión andina interpreta el cielo nocturno, conectando la astronomía con la vida cotidiana, la agricultura y la identidad cultural.

No se trata solo de observar estrellas. Se trata de comprender cómo una comunidad ha vivido siempre bajo ellas.

Crédito: Crédito: Luis Velasco – "One Andean Sky" – Comunidad Mullakas Misminay, Peru/ vía: Fundación Starlight México: cuando las mujeres se convierten en guías del cielo

En distintas comunidades rurales de México se están desarrollando programas que forman a mujeres como guías de observación astronómica y mediadoras culturales del cielo.

Uno de estos proyectos se desarrolla en Altamira, en el estado de Querétaro, donde mujeres indígenas han recibido formación en astronomía básica, manejo de telescopios y divulgación científica. El objetivo es que puedan guiar experiencias de observación nocturna para visitantes y grupos educativos.

El proyecto forma parte de iniciativas impulsadas desde redes internacionales de astronomía para el desarrollo, que buscan utilizar el conocimiento del cielo como herramienta de inclusión social y desarrollo económico.

En estos talleres las participantes aprenden a identificar constelaciones, explicar fenómenos astronómicos y diseñar actividades para visitantes. Pero también comparten historias y tradiciones propias de su cultura.

De este modo, la experiencia combina ciencia contemporánea y saberes tradicionales, algo que cada vez despierta más interés entre viajeros que buscan experiencias culturales auténticas.

Crédito: NA-ROAD India: embajadoras del cielo en el Himalaya

En el remoto altiplano de Ladakh, en el norte de India, se encuentra uno de los cielos más oscuros de Asia. Allí se creó en 2022 la Hanle Dark Sky Reserve, un territorio protegido para la observación astronómica.

En la pequeña aldea de Hanle se puso en marcha un programa para formar a habitantes locales como “astro-ambassadors”, embajadores del cielo que reciben a visitantes interesados en la astronomía.

De las 25 personas formadas en el proyecto, 18 son mujeres. Muchas de ellas gestionan pequeñas casas de huéspedes o actividades turísticas y han incorporado la observación del cielo nocturno como parte de la experiencia para los viajeros.

Estas mujeres explican constelaciones, utilizan telescopios sencillos y comparten historias tradicionales del cielo del Himalaya. Al mismo tiempo, ayudan a sensibilizar a visitantes y autoridades sobre la importancia de proteger la oscuridad natural del cielo frente a la contaminación lumínica.

El proyecto demuestra cómo el astroturismo puede convertirse en una oportunidad económica para comunidades remotas, al tiempo que se preserva el patrimonio natural del firmamento.

Tsering Dolkar, una astroembajadora en Hanle, India, prepara su telescopio /Crédito: Aakash Hassan /The Christian Science Monitor Caribe: nuevas guías de astroturismo

En la isla caribeña de Santa Lucía se está desarrollando otro programa innovador impulsado por iniciativas internacionales de astronomía para el desarrollo. El proyecto busca formar guías locales de astroturismo, con especial atención a la participación de mujeres jóvenes.

Las participantes reciben formación en observación astronómica, interpretación del cielo nocturno y diseño de experiencias para visitantes. El objetivo es que puedan organizar sesiones de observación para turistas y escuelas, generando nuevas oportunidades laborales vinculadas al cielo nocturno.

Para muchos destinos turísticos del Caribe, donde el turismo suele concentrarse en playas y resorts, el cielo nocturno representa un recurso aún poco explorado. Formar guías locales permite diversificar la oferta turística y fortalecer la conexión entre visitantes y comunidad.

Crédito: Asociacionismo LUNAA África: la astronomía como herramienta educativa

En Etiopía, programas educativos vinculados a la Oficina de Astronomía para el Desarrollo de la Unión Astronómica Internacional están formando a estudiantes y profesoras en astronomía y ciencia.

Iniciativas como SciGirls buscan fomentar vocaciones científicas entre niñas y jóvenes, especialmente en regiones donde el acceso a la educación científica es limitado.

El programa no solo enseña astronomía. También busca crear referentes femeninos en ciencia dentro de las comunidades. Las participantes comparten posteriormente lo aprendido en sus escuelas y entornos locales, multiplicando el impacto educativo.

En muchos casos, estas jóvenes se convierten en las primeras personas de su entorno en estudiar ciencia o participar en proyectos de divulgación astronómica.

Crédito: IAU España: ciencia, protección del cielo y empresa… también en femenino

No hace falta viajar al Himalaya o a los Andes para encontrar mujeres liderando la relación entre astronomía, territorio y turismo sostenible. En España también hay referentes que están impulsando nuevas formas de conectar ciencia, cultura y desarrollo local a través del cielo nocturno.

En el ámbito científico destaca Olga Muñoz Gómez, investigadora del CSIC y actual directora del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), uno de los principales centros europeos dedicados al estudio del universo. Desde este instituto con sede en Granada se desarrollan investigaciones punteras sobre el Sistema Solar, galaxias o evolución estelar, al tiempo que se promueve una intensa actividad de divulgación científica. 

Muy ligada a la protección del cielo nocturno está la doctora en Astrofísica Antonia M. Varela, directora de la Fundación Starlight. Desde esta entidad internacional se impulsa la defensa del cielo oscuro como patrimonio científico, cultural y turístico, promoviendo el astroturismo sostenible y la certificación de destinos que protegen la calidad de sus cielos. Su compromiso con la igualdad también se refleja en su labor como presidenta de BPW Canarias (Business and Professional Women) y como miembro afiliado a Naciones Unidas a través de esta organización, desde donde promueve iniciativas que conectan la protección del cielo nocturno con el empoderamiento femenino en entornos rurales. 

En el ámbito empresarial y del turismo de estrellas, otra figura destacada es Marta Bastos, presidenta de la Asociación Nacional de Empresas de Astroturismo (ANEEA) y fundadora de Ad Astra Hervás, una iniciativa nacida en el norte de Extremadura que demuestra cómo la observación del cielo puede convertirse en motor cultural y turístico en el medio rural. Su proyecto es un ejemplo de cómo pequeñas empresas especializadas están contribuyendo a consolidar el turismo de estrellas en España. 

Tres perfiles distintos —investigación científica, conservación del cielo y emprendimiento turístico— que reflejan cómo el liderazgo femenino también está ayudando a situar a España entre los países de referencia del astroturismo y la protección del cielo nocturno.

Marta Bastos / Crédito: Ad AStra Hervás ODS18: el cielo como oportunidad para las mujeres rurales

En los últimos años ha surgido una propuesta que conecta directamente la protección del cielo nocturno con el desarrollo sostenible: el ODS18, una iniciativa que propone reconocer la calidad del cielo nocturno y el acceso a la luz de las estrellas como un objetivo de desarrollo global.

Precisamente la Fundación Starlight, una de las entidades impulsoras de la iniciativa ODS18 junto a BPW Canarias, señala que “el cielo estrellado es una oportunidad de desarrollo y empoderamiento para muchas mujeres en entornos rurales que tienden a una dramática despoblación. Son precisamente estos entornos los que tienen mejores cielos, y desde la Fundación Starlight se trabaja ayudando a que esos cielos se conviertan en un motor de economía sostenible a través del turismo de estrellas. Las mujeres de comunidades indígenas y locales a menudo también son depositarias de conocimientos tradicionales, que resultan decisivos para garantizar los medios de vida, la resiliencia y la cultura de sus comunidades”.

Esta idea conecta con una realidad visible en muchos territorios: los lugares con mejores cielos suelen ser también los más despoblados. Allí, el astroturismo puede convertirse en una herramienta para diversificar la economía local, atraer visitantes y generar nuevas oportunidades laborales.

Y en muchos de esos lugares, las mujeres están desempeñando un papel central como guías, educadoras, empresarias o transmisoras de conocimiento.

Mirar arriba, avanzar adelante

En muchas pequeñas comunidades del mundo, la astronomía no empezó en un aula universitaria. Empezó en la voz de una mujer señalando una estrella y contando una historia.

Este 8M, quizá convenga recordar que el conocimiento científico no siempre viaja en línea recta. A veces se transmite alrededor de un fuego. A veces se aprende en la montaña. A veces se protege desde una casa rural en el Himalaya o desde un valle extremeño.

Y casi siempre, alguien lo sostuvo antes en silencio.

Si hoy puedes viajar para observar un cielo oscuro, participar en una experiencia de astroturismo o escuchar la historia de una constelación contada por una guía local, piensa que detrás hay generaciones de mujeres que miraron antes que tú.

El cielo no solo se observa.
También se hereda.