Astronomía
Roman podría observar el Universo durante 22 años gracias al combustible ahorrado
El telescopio de NASA nació para una misión de cinco años, pero la precisión de su lanzamiento podría permitirle hacer ciencia durante al menos 22.
El Nancy Grace Roman Space Telescope apenas lleva unas semanas en el espacio y la NASA ya empieza a plantearse una posibilidad que hasta hace poco parecía muy lejana: que siga observando el Universo durante al menos 22 años.
Cuando Roman despegó el pasado 30 de agosto de 2026 a bordo de un Falcon Heavy de SpaceX, llevaba combustible suficiente para cumplir holgadamente con sus objetivos. La misión científica primaria estaba diseñada para durar cinco años, a los que se contemplaban otros cinco de posible extensión. Es decir, su presupuesto de combustible se había calculado para unos diez años de operaciones.
Pero las primeras semanas de vuelo han cambiado las cuentas.
La NASA acaba de confirmar que el lanzamiento y las maniobras iniciales han resultado tan precisos —y han necesitado tan poco propelente— que el observatorio podría disponer ahora de combustible para al menos 22 años de potenciales operaciones científicas.
Una maniobra de 200 kilos que solo necesitó 18La primera gran sorpresa llegó apenas un día después del lanzamiento.
El 31 de agosto, Roman encendió sus motores durante aproximadamente tres minutos para realizar la primera corrección de trayectoria de su viaje hacia L2, el segundo punto de Lagrange del sistema Sol-Tierra, situado a unos 1,5 millones de kilómetros de nuestro planeta.
La NASA había reservado hasta 441 libras de propelente, unos 200 kilogramos, para esta maniobra. Pero Roman necesitó aproximadamente 40 libras: solo 18 kilogramos.
La corrección, además, se ejecutó con una precisión superior al 99 %. Solo este ahorro podría traducirse, según los cálculos de la agencia espacial estadounidense, en unos cuatro años adicionales de funcionamiento.
Parte del mérito se encuentra incluso antes de que Roman comenzara a volar. El Falcon Heavy colocó el telescopio en una trayectoria extraordinariamente precisa, reduciendo la cantidad de combustible que posteriormente ha tenido que utilizar el propio observatorio para corregir su camino.
En el espacio, unos pocos kilos de propelente pueden terminar convirtiéndose en años de ciencia.
El Telescopio Roman iniciandp su viaje en solitario hacia la órbita./ Crédito: NASA Roman también salió de la Tierra con combustible de sobraPero existe una segunda razón para este inesperado regalo.
Los ingenieros habían realizado sus cálculos utilizando una masa máxima conservadora para el telescopio de 9.800 kilogramos. Sin embargo, Roman terminó pesando 8.056 kilogramos.
Esa diferencia tuvo dos consecuencias favorables. Al ser más ligero, necesitó menos combustible para realizar la primera corrección de trayectoria. Y, además, quedó margen suficiente para llenar sus depósitos de propelente hasta su capacidad máxima, en lugar de cargar únicamente lo necesario para garantizar los diez años inicialmente presupuestados.
Ese combustible adicional podría proporcionar otros cuatro años de operaciones.
Y todavía quedan más ahorros potenciales. Debido a la precisión de la primera maniobra, la NASA espera que la segunda corrección de trayectoria sea muy pequeña. También prevé consumir menos propelente del presupuestado cuando Roman realice la maniobra que lo introducirá definitivamente en su órbita alrededor de L2, aproximadamente 100 días después del lanzamiento, a comienzos de diciembre.
Sumando todos estos factores, las estimaciones actuales permiten hablar de esos 22 años o más de combustible disponible.
Eso sí, conviene introducir una diferencia importante: tener propelente para 22 años no garantiza que Roman vaya a funcionar durante 22 años. El resto de sistemas del telescopio también tendrá que continuar operativo y cualquier ampliación de la misión dependerá de su estado, de las decisiones científicas y de la financiación futura.
Lo que la NASA confirma ahora es que el combustible, que constituye el principal recurso consumible del observatorio, podría dejar de ser el factor que limite su vida útil durante mucho más tiempo de lo previsto.
¿Por qué Roman necesita combustible si estará en L2?Roman se dirige hacia la misma región del espacio donde trabaja el James Webb Space Telescope.
L2 ofrece unas condiciones especialmente favorables para los grandes observatorios espaciales. La combinación de la gravedad del Sol y la Tierra con el movimiento de la propia nave permite mantener una posición relativamente estable y realizar observaciones con unas condiciones térmicas y geométricas adecuadas.
Pero Roman no permanecerá inmóvil en un punto exacto. Orbitará alrededor de L2 y necesitará efectuar periódicamente pequeñas maniobras para mantener su trayectoria. NASA calcula que estas correcciones se realizarán aproximadamente cada 28 días.
Por eso conservar combustible significa, de manera bastante directa, ganar tiempo para seguir haciendo ciencia.
Cinco años que podrían convertirse en más de dos décadasY ahí es donde la noticia adquiere una dimensión mucho mayor.
Roman ha sido diseñado para estudiar algunos de los grandes enigmas de la cosmología, especialmente la materia oscura y la energía oscura, además de realizar un enorme censo de exoplanetas. Su gran cámara infrarroja, el Wide Field Instrument, cuenta con 300 megapíxeles y permitirá estudiar regiones del cielo enormes manteniendo una resolución comparable a la de Hubble.La NASA estima que sus sondeos podrán explorar el Universo hasta mil veces más rápido que Hubble.
El observatorio enviará alrededor de 1,4 terabytes de datos diarios, la mayor tasa prevista hasta ahora para una misión astrofísica de NASA. Sus primeros datos científicos deberían llegar a comienzos de 2027.
Y Roman ya ha superado otro paso importante. La NASA ha confirmado esta misma semana que ha activado con éxito su Wide Field Instrument y realizado las primeras comprobaciones del coronógrafo con el que ensayará tecnologías para estudiar directamente planetas alrededor de otras estrellas.
Todavía falta completar el viaje hasta L2, insertar el observatorio en su órbita definitiva, calibrar sus instrumentos y comprobar cómo responde todo el sistema antes de comenzar la ciencia.
Pero si el telescopio envejece bien, aquella misión primaria de cinco años podría terminar convirtiéndose en más de dos décadas observando el Universo. Y todo porque Roman ha empezado su viaje haciendo algo que, a 1,5 millones de kilómetros de casa, puede valer muchísimo: gastar bastante menos combustible del previsto.