Astronomía
Diez años vigilando el hielo del planeta: Sentinel-1, el radar que no duerme
Desde 2014, los satélites Sentinel-1 del programa europeo Copernicus han recopilado datos, aportando información clave sobre el cambio climático.
Tras una década completa en órbita, la misión Copernicus Sentinel-1 se ha consolidado como una de las herramientas más valiosas para entender cómo cambian las grandes masas de hielo del planeta. La Agencia Espacial Europea (ESA) acaba de repasar estos diez años de datos continuos que han permitido observar, con una precisión sin precedentes, la evolución de los glaciares y las capas de hielo de la Antártida y Groenlandia, dos regiones clave para el equilibrio climático de la Tierra.
Un radar que ve a través de las nubes (y de la noche)A diferencia de los satélites ópticos, Sentinel-1 utiliza radar de apertura sintética (SAR), lo que le permite observar la superficie terrestre de día y de noche y en cualquier condición meteorológica. Esto es especialmente crucial en las regiones polares, donde la oscuridad invernal y la nubosidad constante hacen casi imposible la observación con otros sistemas.
Gracias a esta tecnología, la misión ha logrado medir con enorme exactitud la velocidad a la que se desplazan los glaciares, detectar fracturas, adelgazamientos y cambios estructurales en las capas de hielo, y seguir su evolución casi en tiempo real.
Velocidad del flujo de hielo en la capa de hielo antártica, 2014-2024 / Crédito: Sentinel-1, Copernicus, ESA Diez años de datos que cuentan una historia inquietanteEl archivo de Sentinel-1 ya supera la década de observaciones continuas, un hito fundamental para la ciencia del clima. Esta serie temporal larga permite comparar el estado actual del hielo con el de hace diez años y detectar tendencias claras de aceleración en el flujo de hielo hacia el océano, especialmente en zonas vulnerables de la Antártida occidental y en grandes glaciares de Groenlandia.
Estos datos son esenciales para mejorar los modelos que predicen la subida del nivel del mar, uno de los impactos más directos del calentamiento global sobre las comunidades costeras de todo el mundo.
Ciencia abierta para un reto globalUno de los grandes valores del programa Copernicus es su política de datos abiertos y gratuitos. Investigadores de todo el mundo, universidades y centros científicos utilizan la información de Sentinel-1 para estudios sobre clima, geología, riesgos naturales e incluso planificación territorial.
En el caso de los hielos polares, esta accesibilidad ha permitido multiplicar los estudios sobre estabilidad de glaciares, colapso de plataformas de hielo y respuesta de las capas heladas al aumento de las temperaturas globales.
Velocidad del hielo en la capa de hielo de Groenlandia, 2014-2024 / Crédito: Sentinel-1, Copernicus, ESA Más allá del hielo: un satélite clave para la TierraAunque su papel en las regiones polares es especialmente relevante, Sentinel-1 también se emplea para monitorizar terremotos, volcanes, inundaciones, deslizamientos de tierra y movimientos del terreno, convirtiéndose en una auténtica “navaja suiza” de la observación terrestre.
De cara al futuro, la ESA trabaja ya en la continuidad de esta misión para garantizar que no se interrumpa una de las series de datos más valiosas de la ciencia climática actual.
Mirar la Tierra… para entender nuestro lugar bajo las estrellasDesde la perspectiva del turismo de estrellas y la divulgación científica, misiones como Sentinel-1 nos recuerdan que mirar al cielo también es una forma de cuidar la Tierra. Los mismos satélites que nos ayudan a comprender el Universo son los que permiten vigilar la salud de nuestro planeta, proteger sus ecosistemas y anticipar los cambios que marcarán el futuro de nuestras noches… y de nuestros destinos.
Porque antes de levantar la vista para observar las estrellas, conviene asegurarnos de que el hogar desde el que las contemplamos sigue siendo habitable.