El solsticio de Junio, hito temporal y cultos solares

Astronomía

El solsticio de Junio, hito temporal y cultos solares

El protagonista del nuevo artículo de Andrea Rodríguez Antón sobre arqueoastronomía es el solsticio del 21 de junio y los lugares donde ha dejado huella.

La especialista el Instituro Astrofísico de Canarias, Andrea Rodríguez Antón, continúa adentrándonos en los conceptos de la arqueoastronomía. En esta ocasión nos devela los secretos del solsticio de junio, o solsticio de verano, con un repaso por los enclaves arqueológicos marcados por la presencia solar:


Junio avanza y, progresivamente, se va sintiendo el calor y el ruido de los ventiladores con más intensidad. Miles de estudiantes desconcertados son entrevistados a la salida de los exámenes de acceso a la universidad y ya se empieza a rellenar el espacio mediático con noticias que cada año anuncian que, sorprendentemente, hace calor. A parte de todos estos hechos fascinantes, en junio se produce otro evento especial del año: el solsticio de junio. En términos astronómicos, si estamos en Europa el sol alcanza su máxima declinación sobre el ecuador celeste y la mínima si nos encontramos en el hemisferio sur... ¿Y esto qué importancia tiene?

Segundo intento. En Europa (y en todo el hemisferio norte), el solsticio de junio es más conocido por ser el día con más horas de luz del año. En este momento el sol alcanza su máxima altura sobre el horizonte, provocando ese calor sofocante e inaugurando una de las épocas más anheladas por quienes han salido en la tele comentando que el examen de mates de este año de la EvAU ha sido demasiado difícil: el verano. Y que los Beattles recibían cantando "Aquí viene el sol...Ha sido un largo, frío y solitario invierno". Al sur del ecuador terrestre sucede lo contrario y comienza el invierno.

Si observamos el cielo y atendemos a los cambio que se producen en la posición de los astros, en el solsticio de junio -al igual que en el de diciembre- el sol "se da la vuelta". ¿A qué se refiere esto? Si nos fijamos en la salida del sol cada día del año, veremos que éste no aparece siempre por el mismo punto. En un año, a la salida y la puesta el sol recorre un arco en el horizonte cuyos extremos los marcan los solsticios. La palabra solsticio viene del latín solstitium (sol sistere), que significa "Sol quieto", pues la posición del sol en el horizonte en las fechas cercanas a los solsticios apenas varía durante unos días. El sol "se para". Esto resultaría llamativo para quienes dependían del control de los movimientos de ciertos astros para establecer sistemas de cómputo temporal, y lo usarían como referencia para saber cuándo se producía un cambio estacional.

Pasado el solsticio es cuando el sol "se da la vuelta". Es decir, su posición sobre la línea del horizonte retrocede cada día siguiendo el mismo camino hasta llegar al extremo opuesto: el otro solsticio. En Cáceres, Lisboa o Estambul veríamos como los días previos al 21 de junio el sol amanece en puntos cada vez más al noreste hasta llegar a un punto extremo -el solsticio en cuestión- en el que comienza su viaje de vuelta hacia posiciones más al sur. Y así hasta el solsticio de diciembre, cuando vuelve a dar marcha atrás.

¡Ojo! Todo esto es lo que ve una persona que se encuentra en la Tierra pero la realidad es que ¡el sol no se para! Es el efecto que observamos debido al movimiento de la Tierra en su órbita alrededor del sol.

A lo largo de un año, el sol recorre un arco del horizonte a su salida y a su puesta en el que los extremos los marcan los solsticios de junio y diciembre -21 de junio y 21 de diciembre- de verano e invierno, respectivamente, en el hemisferio norte y al contrario en el hemisferio sur. El resto del año el sol se esconde cada día en puntos intermedios entre el solsticio de verano y el de invierno. Créditos: Andrea Rodríguez Antón.

Ambos solsticios marcan el comienzo de nuevas estaciones que a lo largo de la historia, y aún en la actualidad, han ido acompañadas de festividades religiosas de diversa índole. ¿Casualidad? En absoluto. Aunque existen numerosas interpretaciones de los solsticios, la mayoría los reconocen como períodos de renovación.

A partir del 21 de junio, en el hemisferio norte los días empiezan a acortarse lentamente, algo que no perturba lo más mínimo nuestro día a día en la actualidad pero que en otros tiempos implicaba una adaptación de las actividades cotidianas a un nuevo ciclo meteorológico. Y para aquellos pueblo que realizaban cultos solares esto suponía ¡la paulatina desaparición del mismísimo dios!. Obviamente la gente no iba a quedarse de brazos cruzados ante tan apocalíptico escenario. ¿Qué podían hacer para convencer a su dios solar de que no se fuera para siempre? Nada nuevo. Rezar y realizar ofrendas.

Sol Invictus (Sol invencible). Dios solar durante el Imperio romano tardío. El emperador Aureliano lo incorporó como culto solar oficial en el año 274 d.C. Créditos: Andrea Rodríguez Antón, Museo Nacional de Beirut, Líbano.

Para ello debían saber con precisión cuándo iba a llevar a cabo nuestra estrella su maquiavélico plan de fuga, en una época en la que un smartphone no avisaba de la hora y la fecha. Además de los calendarios, una herramienta muy recurrente ha sido el diseño de lugares de culto basado en la astronomía. Por ejemplo, a través de la orientación de un edificio con el objetivo de que el día del solsticio se produjera un efecto de luz fascinante que hiciera las veces de manifestación divina del dios en cuestión.

Un caso muy famoso y llamativo es el del santuario megalítico de Stonehenge (Gran Bretaña), donde todavía a día de hoy se reúnen miles de personas para observar atónitas el fenómeno visual que produce la luz del sol naciente en el solsticio de verano. Y no solo eso. Entre los asistentes se concentran neodruidas y otros curiosos personajes que realizan todo tipo de rituales de renovación aprovechando el evento.

Salida del sol del solsticio de junio en Stonehenge, Gran Bretaña. Créditos: Max Alexander, NASA Astronomy Picture of the Day del 21 de junio de 2010.

Aunque la orientación de Stonehenge es muy conocida y llamativa por la antigüedad del conjunto, no hace falta irse muy lejos para encontrar lugares que han sido diseñado o ubicados en el terreno con la intención de observar el sol este día. Un ejemplo lo encontramos en Cartagena (Murcia), la Qart Hadast púnica rebautizada como Carthago Nova por los romanos. Un observador situado en la entrada oriental del santuario púnico-romano de la diosa Atargatis presenciará cómo el sol naciente asciende sobre la ladera del monte Sacro. Según el historiador griego Polibio, este monte estaría vinculado al dios Baal Hammon. Aunque el orígen del culto a Baal es difuso, en el Mediterráneo oriental su muerte y resurrección se vinculaba al solsticio de verano.

Salida del sol en el solsticio de verano ascendiendo la ladera del Monte Sacro vista desde la puerta oriental del santuario púnico-romano de Atargatis, en el cerro del Molinete en Cartagena (Murcia, España). Créditos: Andrés Ros.

El solsticio de verano está también presente en el diseño de numerosas ciudades y edificios de época romana a lo largo y ancho de lo que fue el imperio romano, como en el Panteón en Roma. En 2018, este mismo día se realizó una retransmisión de la puesta de sol desde Medellín (Badajoz, Extremadura) a través del canal online sky-live.tv, en la que se asistió a la observación del ocaso solar alineado con una de las que habría sido una vía principal de la Metellinum romana.

El solsticio de verano en directo desde una villa romana.

Como éstas, existen innumerables obras arquitectónicas y urbanísticas en todo el mundo y pertenecientes a diversidad de períodos históricos que establecieron el solsticio de junio como referencia para su diseño. Y, pese a que vivamos en una era fuertemente tecnologizada en la que controlar las posiciones del sol no es vital, muchas tradiciones que en origen fueron cultos solares no se han perdido sino que se han ido adaptando a las continuas transformaciones culturales que se van sucediendo en la historia.

En el hemisferio sur, el día del solsticio de verano -nuestro solsticio de invierno- a día de hoy se siguen celebrando ceremonias en homenaje al dios solar inca Inti en Perú o el Willkakuti en Bolivia, que en aimara significa "la vuelta del sol".

Resultará muy familiar la fiesta de San Juan, día en el que el fuego o el agua son los protagonistas y actúan como elementos de renovación. Éste es un claro ejemplo de adaptación de las tradiciones religiosas al transcurso de la historia, en este caso con la cristianización de un culto anterior.

Parece entonces que el solsticio de junio mantiene cierta presencia en las culturas e influye -básicamente por dar pie a una nueva estación- en las actividades que realizamos a lo largo del año. Cuando pensemos en las ganas que tenemos de que llegue el verano, acordémonos también de que en otros tiempos habría personas esperando expectantes la manifestación de una deidad solar o a que la luz del sol iluminara la entrada a un templo para comenzar una ceremonia o un nuevo período agrícola.

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